El trabajo de los Movimientos permite comprender, en la realidad de la experiencia, ciertos aspectos característicos de esta enseñanza que de otra manera no serían tan accesibles.
Un primer aspecto tiene que ver con el papel del cuerpo. Quien se acerca a estos Movimientos posiblemente no tiene aún una comprensión exacta de la relación que existe entre el estado de su cuerpo y lo que él busca interiormente. Aunque esté muy interesado por lo que se le propone, no comprende realmente su sentido. Estos Movimientos son un acercamiento específico a la relación con el cuerpo. Por una parte, le hacen descubrir los sorprendentes recursos que el cuerpo puede aportar a la búsqueda interior cuando es llamado de una manera justa. Y por otra, él aprende hasta que punto el cuerpo, por su estado de tensión o de inercia, puede, en condiciones ordinarias, constituir un freno.
Otro aspecto tiene que ver con la calidad del esfuerzo, con la acción en profundidad que puede tener en los Movimientos cuando se ejercita en ciertas condiciones perfectamente medidas. Cuando las dificultades que parecían insuperables han sido vencidas, suele suceder que el estado cambia. El cansancio, los obstáculos, se desvanecen. Puede decirse entonces que el esfuerzo tiene una verdadera virtud de transformación. El sentimiento pasa a ser más confiado, el pensamiento más claro, el cuerpo más liviano. Y una vez concluida la experiencia, el cuerpo conservará la huella. Ya no es el mismo. Ha sido como bautizado, iniciado. Es un estado benéfico. Un nuevo horizonte se abre a la búsqueda.
Pero hay que darse cuenta de que la calidad de lo vivido entonces depende ante todo de la calidad de la meta perseguida. Es como una ley. Si la meta es simplemente el placer del cuerpo en movimiento, de la música, el deseo de lograr, de responder a la exigencia exterior, entonces, aun cuando la forma sea respetada, no podrá subirse un nuevo peldaño. El movimiento sólo alcanza su sentido cuando va acompañado de un recogimiento interior, de la necesidad de volverse hacia lo que Gurdjieff llamaba “un estado de presencia”.
Pauline de Dampierre, “Los Movimientos”, Gurdjieff: Textos compilados por Bruno de Panafieu, Editorial Ganesha, Caracas, 1997, pp. 154-55
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