La Vida en la vida
Hay cuatro leyes tántricas que se refieren a la unidad:
1. La unidad cósmica que se halla en la expansión de sí hasta tocar el cielo, un amor apasionado por el universo sensible bajo todas las formas hasta sentir vibrar en sí las palabras: “La tierra es mi madre, soy el hijo de la tierra.”
2. La unidad psíquica que existe entre el ser interior real y el ego con todos sus impulsos. Esta unidad es el hilo de la vida que une todas las experiencias vividas hasta el descubrimiento del conocimiento.
3. La unidad causal que es el descubrimiento progresivo de las fuerzas y leyes de la prakriti.
4. La unidad espiritual que es nuestra alma, nuestra esencia, el “yo” y la fuerza de vida —la prakriti más sutil— armoniosamente asociadas.
Para aproximarse a una u otra de estas leyes, hay una regla básica: comprender que el cuerpo es el instrumento de la vida. De ello resulta que toda rigidez o endurecimiento, es decir, toda tensión tanto en el pensamiento como en el cuerpo impide el despliegue consciente hacia el infinito.
Ahora, en relación con la búsqueda espiritual: si usted conserva conscientemente en usted las tres cuartas partes de su poder y utiliza sólo un cuarto para responder a toda comunicación que venga de los demás, podrá detener el movimiento automático, rápido e irreflexivo hacia el exterior, después del cual uno se siente vaciado, absorbido por la vida. Esta detención del movimiento hacia el exterior no es autodefensa, sino más bien un intento para que la respuesta dada venga del interior, de lo más profundo del ser. Es un procedimiento que invierte el movimiento natural de la prakriti y reenvía la energía a su forma de semilla. Que esto se convierta en su forma de comunicación con los demás.
Algo se ha despertado en usted y, por interiorización, llamará un movimiento que es contrario a lo que pasa exteriormente. Por ese hecho se producen en usted dos movimientos: uno va hacia el exterior y el otro hacia el interior. Este último es el de la prakriti superior uniéndose al Purusha inmóvil; es el momento en que ella se entrega, en el que no hay lucha.
La ley de la vida es semejante. Así como las células físicas construyen el cuerpo, las células gérmenes se concentran en el interior y conservan su energía para una creación ulterior. Imaginamos que creamos por proyección exterior mientras que la verdadera creación es por succión y absorción. Cuando ese poder de absorción llega a ser natural, usted descubre que creación, radiación, comunicación y todos los procesos similares, le vienen espontáneamente.
Lizelle Reymond y Sri Anirvan, La Vida en la vida,
Editorial Ganesha, Caracas, pp.141-142
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