–¿Es o no inmortal el hombre?
–Trataré de contestar a esta pregunta, dijo G., pero les advierto que eso no se puede hacer de manera plenamente satisfactoria con los elementos que la ciencia y el lenguaje ordinario ponen a nuestra disposición.
"Usted pregunta si el hombre es inmortal o no.
"Contestaré a la vez sí y no.
"Esta pregunta tiene numerosos aspectos. Primero, ¿qué significa inmortal? ¿Habla usted de la inmortalidad absoluta, o admite usted diferentes grados? Si por ejemplo, después de la muerte del cuerpo subsiste algo que vive aún un cierto tiempo, conservando su conciencia, ¿puede esto ser llamado inmortalidad o no? En otras palabras, ¿cuánto tiempo, a su parecer, debe durar tal existencia, para ser llamada inmortalidad? ¿No implica esto entonces la posibilidad de una inmortalidad "diferente" según los hombres? Y tantas otras preguntas. No digo esto sino para mostrar cuán vagas son palabras tales como "inmortalidad" y cuán fácilmente pueden engañarnos. De hecho nada es inmortal. Dios mismo es mortal. Pero la diferencia entre Dios y el hombre es grande, y naturalmente Dios es mortal de manera diferente al hombre. Sería mucho mejor substituir la palabra "inmortalidad" por las palabras "existencia después de la muerte" . Contestaré entonces que el hombre tiene la posibilidad de existir después de la muerte. Pero la posibilidad es una cosa, y la realización de la posibilidad es otra.
"Examinemos ahora de qué depende esta posibilidad, y lo que significa su realización."
G. resumió en pocas palabras todo lo que ya había sido dicho sobre la estructura del hombre y del mundo. Reprodujo el esquema del rayo de creación (Fig. 3) y el de los cuatro cuerpos del hombre (Fig 1). Pero con respecto a los cuerpos del hombre, introdujo un detalle que no había dado antes. Recurrió otra vez a la comparación oriental del hombre con un carruaje, un caballo, un cochero y un amo, y volviendo al esquema, añadió:
–El hombre es una organización compleja. Está formado de cuatro partes que pueden estar conectadas, no conectadas, o mal conectadas. El carruaje está conectado al caballo por las varas, el caballo al cochero por las riendas, y el cochero a su amo por la voz de su amo. Pero el cochero debe oír y comprender la voz del amo, debe saber cómo conducir; y el caballo debe estar adiestrado a obedecer a las riendas. En cuanto a la relación del caballo con el carruaje, debe estar correctamente enganchado. De esta manera, entre las cuatro partes de esta compleja organización existen tres relaciones, tres conexiones (ver Fig. 5 a, pág. 150). Si una sola de ellas presenta algún defecto, el conjunto no puede funcionar como un todo. Las conexiones entonces no son menos importantes que "los cuerpos". Al trabajar sobre sí mismo, el hombre trabaja simultáneamente sobre los "cuerpo" y sobre las "conexiones". Pero se trata de dos clases de trabajo.
"El trabajo sobre sí mismo debe comenzar por el cochero. El cochero es el intelecto. A fin de poder oír la voz del amo, el cochero, ante todo no debe estar dormido, debe despertar. Luego, puede suceder que el amo hable un lenguaje que el cochero no comprenda. El cochero debe aprender este lenguaje. Cuando lo sepa, comprenderá a su amo. Pero esto no basta, debe también aprender a conducir el caballo, a engancharlo, a alimentarlo, a cuidarlo, y a mantener bien el carruaje; porque no serviría de nada que comprenda a su amo, si no está en condiciones de hacer algo. El amo da la orden de partida. Pero el cochero es incapaz de ponerse en marcha porque no ha alimentado al caballo, no lo ha enganchado, y no sabe dónde están las riendas. El caballo representa las emociones. El carruaje es el cuerpo. El intelecto debe aprender a gobernar las emociones. Las emociones siempre arrastran al cuerpo. Este es el orden en que se debe llevar el trabajo sobre sí. Pero fíjense bien: el trabajo sobre los "cuerpos", es decir sobre el cochero, el caballo y el carruaje, es una cosa. Y el trabajo sobre las "conexiones", es decir, sobre la "comprensión del cochero" que lo une a su amo, sobre las "riendas" que lo conectan al caballo, sobre las "varas" y los "arneses" que conectan el carruaje con el caballo, es algo totalmente diferente.