Libros en espaÑol sobre las ideas de George Ivanovich Gurdjieff
Nuestra vida con el Sr. Gurdjieff
Thomas de Hartmannn
Fragmento del libro / Págs 23 -24


Retrocediendo un poco en mi historia, me gustaría contar cómo “el recuerdo de mí mismo” me salvó una vez la vida.

Yo estaba destacado al estado mayor de nuestro regimiento, y estábamos en las trincheras. Un día, a eso de las cuatro de la tarde, me mandaron con un comunicado al Cuartel General. Monté mi caballo y cabalgué a lo largo de una meseta plana desde la cual la carretera bajaba hacia un valle. De pronto oí disparos intermitentes de artillería, que se repetían cada tres minutos. Encontré a un soldado que me dijo que los alemanes los estaban “echando” al valle, a lo largo de la carretera que yo debía tomar. Era imposible regresar sin entregar mi informe, así que seguí mi camino.

Las palabras del Sr. Gurdjieff “Recuérdese de sí mismo” me vinieron a la mente. Aunque las había oído una sola vez y en ese entonces sin explicación, comprendí su significado a mi manera y me encontré en un nuevo estado de profunda calma apenas empecé a repetirlas, y asirme de ellas.

En la carretera delante de mí se veían cráteres abiertos por unos obuses recién explotados. Mientras proseguía mi cabalgata, yo me decía “yo me recuerdo de mí mismo”. Esto no me impedía en absoluto ver lo que sucedía a mi alrededor. De repente, oí el crescendo de un obús de artillería silbando en dirección. Estalló muy cerca, pero precisamente a causa de su proximidad, mi caballo y yo no resultamos heridos. La dirección inicial de una astilla de obus de tipo austríaco, en un lugar parejo, es muy alta; allí el porqué las astillas no alcanzan a los que están muy cerca. Pero mi caballo respingó y cayó en una zanja poco profunda. Me bajé de un salto repitiendo todo el tiempo “yo me recuerdo de mí mismo”. El caballo se levantó, corrió una corta distancia y se detuvo. Me sentía tranquilo interiormente, pero tenía que decidir rápidamente en qué dirección correr, ya que otra bomba estallaría en menos de tres minutos. Hay una teoría según la cual las bombas nunca caen dos veces en el mismo sitio. ¿Debía yo entonces ir a echarme en el cráter donde la bomba acababa de caer? No. ¿Debía tratar de agarrar al caballo? Si lo pudiera me alejaría de este lugar peligroso; y eso fue lo que hice. La siguiente bomba no se hizo esperar, y estalló cerca del último cráter. “El recuerdo de mí mismo” me había mantenido en calma y permitido tomar la decisión correcta en el momento crucial.

 
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